ZonaFreak en el BAFICI 2009: viernes, marzo 27

viernes, marzo 27

crítica: Tom Yum Goong


Tom Yum Goong. Tailandia. 2005. Dir: Prachya Pinkaew.

Del mismo director que la gran Chocolate, tenemos en el BAFICI el film inmediatamente anterior a aquel.

La historia es simple y como suele suceder dentro del género de artes marciales, gira en torno a una venganza, que será ejecutada a puñetazo y patada limpia, en este caso por un joven que se mete en el centro mismo de la mafia tailandesa en Australia para rescatar a su raptado... ¡elefantito!

Lo bizarro de la trama hace justicia con un par de excelentes momentos de lucha, sobre todo el del primer ataque de nuestro héroe, así como también un plano secuencia que nada tiene que envidiarle a la intro de Touch of Evil, con el extra de una sucesión de golpes incontables.

Sin embargo, algunos groseros baches en el guión y una narración que cuando carece de peleas pierde por knock out, dejan a la cinta con saldo negativo y con ganas (o necesidad) de volver a ver su opus posterior a base de cacao y golpizas con touch femenino.

* * / Castelo

crítica: Pansy Division


Pansy Division (Life in a Gay Rock Band) USA, 2008. Dir: Michael Carmona.

Dejando de lado el simpático y sugerente hecho de que Chris Freeman sea muy parecido a nuestro Mariano Martínez, podemos decir que tanto Freeman como Jon Ginoli (junto a una ristra casi interminable de bateristas y una segunda guitarra) son verdaderos y auténticos Campeones y Valientes.

Fundadores de una de las más trascendentes bandas Homo-Core (ó Queer-Rock), tanto Ginoli como Freeman nos explican colmados de entusiasmo la génesis del movimiento, los pormenores trascendidos durante las primeras épocas de rodaje (en sentido musical, no cinematográfico), la monumental palanca que significó transcurrir temporadas enteras teloneando a Green Day, y varios pormenores más que nos harán (al menos a nosotros) adorar a estos muchachos artífices de letras tan salvajes como Quiero ser tu puto esta navidad y Me hubiera encantado sacar fotos (a propósito de una noche única con un muchacho que ya no está).

Imperdible el audio de cierto contestador automático, con la voz de Jello Biaffra comentándole a Freeman que a los chicos de Nirvana les encantó el cover queer de Smells Like a Teen Spirit.

Otra Nocturna a tener (muy) en cuenta.

* * * * / Celina

crítica: Carny


Carny. USA, 2008. Dir: Allyson Murray.

El halo deprimente y aterrador (pero no por eso menos delirante y atrayente) que dispara cualquier feria gringa de carnaval no es arbitrario si recordamos películas como Funhouse ó Wax House. Lo que Allyson Murray logra en Carny es nada mas ni nada menos que ubicarnos en la parte contigüa del mostrador, para que los engranajes vitales de una feria itinerante (léase magos, contorsionistas, frontmens, mecánicos, heladeros y hombres-bozo) le expliquen a la cámara -como intentando convencerse y, de paso, convencernos- por qué están allí y por qué no piensan moverse de allí y por qué -he aquí lo precioso- les gusta hacer lo que hacen. Durante el transcurso de Carny contemplaremos no sólo la vitalidad que emite la gente de estas ferias, si no también gran parte de sus mambos y sus penurias, lo cual convierte al film en un interesante docudrama pleno de caballos gigantes, encantadoras muchachas rapadas símil Teena Brandon, señores que no tienen ningún reparo en escupirnos burlas xenófobas con tal de que les propiciemos un merecido chapuzón y varios individuos más por los cuales P.T. Barnum hubiera ofrecido mucho más dinero del que aquí declaran ganar por mes.

Especialmente recomendada si visitaron alguna feria nocturna en San Clemente ó Santa Teresita ó cualquier localidad de ese bello rosario dado en llamar Partido de la Costa, aunque Carny exponga su bella mugre en la Costa Oeste de gringolandia.

* * * / Celina

crítica The Last Winter


The Last Winter. EE.UU./Islandia. 2006. Dir: Larry Fassender.

Pacha Mama is over, podría ser un título alternativo para este ¿thriller? de horror políticamente correcto sobre un grupo de hombres que traban al norte del norte del mundo y se encuentran cara a cara con la venganza de la naturaleza tras siglos de maltrato humano.

Terror ecológico, militancia de trinchera verde, auspicio tásito de Greenpeace y demás cuestiones pululan por el aire fílmico mientras este último invierno transcurre sin mayores sobresaltos hasta los casi cincuenta minutos de relato.

Ron Perlman, lejos de su Hellboy pero igual de efectivo, se ubica al frente de un puñado de personajes que complementan con lo mínimo necesario un elenco encerrado en la nada de la nieve eterna, a la vez que cercado por un guión con pocas ideas y una dirección rutinaria, que no está a la altura del discurso justiciero y a la que una o dos buenas escenas de terror alla The Ring no le alcanzan para ponerla a la altura de sus pretenciones.

* * / Castelo